La oportunidad de aprender

Empezar a trabajar o montar una actividad conlleva la oportunidad de poder aprender de los demás, tanto de las personas de las que podemos depender como de los colaboradores con los que necesariamente nos vamos a relacionar. Con toda seguridad se aprende también del que tiene la última palabra, que no es otro que el que contrata o el cliente que usa el producto o servicio. Las opciones para aprender en la vida están al alcance de cualquiera, y pocas cosas existen que tengan un coste más insignificante que la actitud y predisposición de aprender. Sin embargo, es necesario hacer un ejercicio importante de “humildad” para reconocer en otros cualidades y actuaciones dignas de imitar o admirar. Es más frecuente no reconocerlo o, peor aún, ignorarlo, e ir por la vida de “suficiente para todo” o de prepotente, que viene a ser más o menos lo mismo.

Observar a los demás nos permite conocerles y conocernos, y a partir de esa premisa nuestra capacidad de observación o curiosidad nos aportará otros muchos valores que nos van a dar la oportunidad de descubrir nuestras verdaderas posibilidades, y será en ese desarrollo en el que podremos encontrar motivación para aprender en cada oportunidad que se presente, propia o ajena. No existe diferencia alguna: las ajenas dejan de serlo si se es capaz de mirarse en el espejo de la realidad, que es la que menos engaña, y también es la que brinda la oportunidad de encontrar soluciones a las dificultades; precisamente por estar cerca de la realidad uno se equivoca menos que tratando de encontrarla con disimulos o ignorándola, en cuyo caso lo que se consigue es dilatar la solución.

Estar receptivo, una forma de aprender

Siempre se ha dicho (y no es ninguna tontería) que la vida es la mejor escuela, y las cosas que forman parte de la misma son los elementos que ofrecen la posibilidad de actuar de una determinada manera. Esa “divina comedia” que es la vida, puede algunas veces convertirse en drama si no se está en condiciones para poner cada cosa en su sitio. En determinadas circunstancias ni siquiera se tiene esa posibilidad, por más preparado que se esté. Sin embargo, siempre que sea posible poder tomar parte activa de aquello que puede afectar a nuestra vida, es necesario hacerlo y tratar de aportar algo más que la actitud pasiva de resignarse.

En el terreno laboral, tener una predisposición al aprendizaje es la mejor forma de poder desarrollar una actividad, con independencia de la carga de rutina que la misma tenga. Únicamente la persona que realiza una función puede incorporar valores a la misma. Por simple que pueda parecer, siempre hay un espacio para la creatividad personal en la forma y también en el fondo; no conviene olvidar que los verdaderos contenidos los aportan las personas, tanto con sus conocimientos como con su actitud, habilidad y valor personal, a la tarea que se realice. La principal compensación será la propia satisfacción de saber hacer las cosas de la forma más adecuada en cualquier caso.

Es conveniente no olvidar que la vida es aprendizaje constante, tanto en lo personal como en lo profesional, y que lo uno va unido a lo otro si realmente se quiere crecer y evolucionar. La verdadera materia prima es algo inherente al ser humano y su disposición mental y física (el famoso mens sana in corpore sano). Ese es el factor básico que nos permitirá desarrollar la responsabilidad de nuestra conducta y hacer la misma un observatorio permanente.

Fuente:
¡Empresarios, por favor!
Elvira Vázquez
Ediciones Gestión 2000

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Miercoles, 20 de Agosto del 2008

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