El verdadero emprendedor provoca y encuentra las oportunidades: el acomodaticio y en el fondo gandul no será nunca un emprendedor y mucho menos empresario, y además se pasará la vida viendo problemas como justificación de su incapacidad para tomar la iniciativa. En el fondo, este tipo de personas son incapaces de reconocer sus errores y les paraliza su terquedad, y por miedo a equivocarse se aseguran de no hacer nada ¡y así les va!
Sin embargo, la persona que acepta sus errores y sabe aprender de ellos sin vergüenza ni miedo es el que avanza y persiste sin temor a fracasar, ya que de toda equivocación es posible sacar una lección válida. Ese es el gran ejemplo que nos han dejado personas excepcionales que, por persistir en su deseo de avanzar y progresar, han logrado que podamos vivir hoy en las condiciones de bienestar y progreso en las que vivimos. Es una obligación y exigencia como ser humano; lo contrario es vegetar. Está claro que cada cual tiene unas posibilidades, y en función de las mismas hay que esforzarse en desarrollarse, y no hacer el esfuerzo y lamentarse constantemente es pasar a ser un parásito para la sociedad y para él mismo.
Alimentar algo es favorecer su crecimiento. En el caso de los emprendedores, y sobre todo en un primer proyecto, el alimento para que el mismo se pueda desarrollar, las vitaminas que no pueden faltar son, entre otras, entusiasmo, confianza, voluntad, trabajo, conocimientos, optimismo, coraje, decisión y sentido de realidad.
Un factor a considerar, no sólo en la primera fase de la puesta en marcha de un proyecto, sino como elemento constante en cualquier actividad, es evitar las lamentaciones, que sólo sirven de consuelo a las personas pesimistas que se recrean y compadecen de sí mismos.
Fuente:
¡Empresarios, por favor!
Elvira Vázquez
Ediciones Gestión 2000