‘Hoy por hoy, la adicción al trabajo es la más aceptada en nuestra sociedad, la más políticamente correcta’, asegura Iñaki Piñuel, psicólogo del trabajo y profesor titular de Economía y Dirección de Empresas en la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de Alcalá.
Estudioso del problema y autor del libro ‘La dimisión interior’, donde profundiza en sus causas y consecuencias, Piñuel insiste en el ‘margen de tolerancia enorme’ que existe sobre esta peligrosa dependencia que ‘destruye interior y exteriormente’ a quienes la sufren.
Los atrapados son, sobre todo, altos ejecutivos de la banca, las finanzas y la consultoría, además de médicos, periodistas y otros profesionales cuya actividad está poco reglada.
‘Encontramos la mayoría de los casos -continúa Piñuel- en aquellas profesiones que permiten, como ninguna otras, brillar, ser aplaudido, tener una notoriedad social, sobresalir por encima de los demás. Eso permite al que la sufre compensar su profundo déficit de autoestima’.
Aunque ni en España ni en el resto de Europa existen estudios fiables sobre este problema de salud laboral, Piñuel no encuentra descabellado extrapolar a nuestro entorno el ocho por ciento de afectados que arrojan las investigaciones realizadas en Estados Unidos.
Para Iñaki Piñuel son las propias empresas las que en España ‘fomentan la adicción al trabajo’. A diferencia del resto de Europa, ‘aquí está plenamente asumido que una persona cuantas más horas pase en la oficina más involucrado está en la empresa, más compromiso o, incluso, adhesión siente por el proyecto empresarial. Se piensa que es mejor trabajador’.
Una idea, destaca, ‘equivocada’ y contraria a la filosofía empresarial de otros países de nuestro entorno, donde se tiende a pensar que una persona que prolongue su jornada laboral más allá de lo establecido ‘no es capaz de sacar su trabajo adelante en el tiempo asignado y, por lo tanto, es ineficaz en su desempeño’.
Son lo que Piñuel llama ‘trabajadores de cuerpo presente’, aquellos que ‘están esperando a que se vaya el jefe o los demás compañeros. No quieren irse los primeros porque está feo, es políticamente incorrecto. En España tenemos una asignatura pendiente a este respecto’.
A las empresas, añade el psicólogo, ‘no les preocupa el problema".
"No lo fomentan -dice- en el sentido de que quieran tener adictos al trabajo, pero hay notorios casos de empresarios que predican el mantener a la gente en el límite de sus esfuerzos’. Son, según su terminología, empresas y empresarios ‘tóxicos"